miércoles 10 de junio de 2009

¿Con la vida en la cartera? ¡Subite al tren!

En algunos casos carteras 2.55 y para los caballeros de elite bolsos de Rossi & Carusso, sea cual sea la funda -mejor si es de cuero- que envuelve nuestros objetos más personales es el único testigo de quiénes somos realmente.

Todos niegan. Negamos desear el éxito -cuando es todo lo que queremos-, negamos ser solitarios, negamos tener miedo y, obviamente, negamos que negamos. Y son esos hermosos accesorios a quien no le podemos negar. Si no las negamos en la vidriera, menos lo haremos a la hora de confiarle todo lo que somos ¡Pero... no tan rápido! En esto recae la próxima bomba: ¿Y si quien nos conoce, en verdad no sabe nada sobre nosotros? Entonces, ¿quiénes somos? ¡Así es como surge el dilema! ¿Somos lo que fingimos ser o somos eso que negamos ser? Somos lo que pensamos, lo que actuamos, lo que somos o quizás... ¿Una trilogía de las tres? ¿Por qué nos esforzamos en negar? Si así solo construimos murallas en vez de puentes.
Abraham Lincoln dijo una vez: "Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos". La cartera verborragica cae al piso, nuestros secretos: al descubierto. Y sin puentes, solo nos queda escalar. Podemos negarnos un tiempo, pero no podemos negarnos para siempre. Después de todo, es lo que somos, y afrontarlo es la mejor opción al final del día.

Sin puentes y con la vida en la cartera te espera lo más cruel, ser vos mismo ¿De qué mundo somos entonces? ¿Somos del mundo del museo, solemne, serio y tradicional, donde se exponen pinturas de Toulouse? o ¿Somos del mundo, depravado, rudo, excéntrico, que pintaba Toulouse? Quienes nos rodean no nos conocen, son partea de nuestro mundo y a la vez tan ajenos a él. Entonces la verdadera duda radica en la siguiente pregunta: ¿Por qué nos esforzamos tanto en levantar murallas, cuando podemos saltarlas?
Finalmente, solo nos queda subirnos al tren, enfrentar al mundo del museo y aceptar que somos del mundo de Toulouse. Una vez desmantelada nuestra falsa personalidad seremos felices con la verdadera ¿O acaso algunas cosas siempre tienen que ser discretas?

Martin Boerr para

http://www.libertarianmag.com